Bionetic es un biocomplejo capilar en espray, sin aclarado, que se aplica en el cuero cabelludo y en el pelo. Lo probé porque llevaba meses con caída difusa, el cabello apagado y mucha rotura al peinarme. Mi objetivo era frenar la caída sin acabar con la raíz sucia o pesada.
Me llamó la atención que no fuera una mascarilla ni un tratamiento de esos que hay que dejar actuar y aclarar. Soy constante si algo tarda poco, pero me conozco: si tengo que añadir demasiados pasos, lo abandono. El bote venía como un espray negro con detalles dorados, y en la etiqueta se presentaba como un biocomplejo para reconstrucción capilar. Miré la composición antes de empezar, porque no quería ponerme solo perfume en la cabeza. En la fórmula aparecían fitokeratina, proteína de soja, proteína de trigo, vitaminas B6 y B3, extracto de ortiga, corteza de roble, ginseng y ajo. También incluía aminoácidos como arginina, ornitina y citrulina, además de glucosamina.
Mi rutina fue muy simple. Lo usé una vez al día durante ocho semanas, casi siempre por la noche. A veces lo aplicaba con el pelo seco y otras con el pelo ligeramente húmedo después de la ducha. Hacía la raya en dos o tres zonas, pulverizaba sobre el cuero cabelludo y luego masajeaba con las yemas de los dedos durante un minuto. Sin uñas. Si me rasco, mi cuero cabelludo se irrita enseguida.
El aplicador no me pareció perfecto. No salía una nube fina, sino un chorro bastante directo, así que los primeros días me dejaba zonas demasiado mojadas. Lo fui corrigiendo alejando un poco el bote y moviendo la mano mientras pulverizaba. Tardaba dos minutos, quizá menos cuando ya le cogí el truco. No cambié de champú durante esas semanas porque quería ver qué hacía Bionetic por sí solo, sin mezclar demasiadas novedades.
La primera semana no vi un cambio claro en la caída. Nada espectacular. Lo que sí noté desde el primer uso fue una sensación fresca, como un cosquilleo suave en el cuero cabelludo. No me dolía ni me quemaba, pero sí se notaba. A mí esa sensación me resultó agradable por la noche, como si el masaje me relajara la zona.
En la segunda semana empecé a ver algo más práctico: menos pelo en el cepillo por la mañana. No fue una diferencia enorme, pero sí suficiente para que dejara de mirar el cepillo con tanta obsesión. El pelo de medios y puntas seguía frágil, porque si la fibra ya está dañada no se arregla de un día para otro. Aun así, al tacto lo noté menos áspero y se me encrespaba algo menos cuando lo dejaba secar al aire.
La cuarta semana fue el punto en el que pensé que valía la pena seguir. En la ducha veía menos caída, y el pelo suelto me aguantaba mejor el volumen. No me creció una melena nueva, ni quiero venderlo así. Sí vi algunos pelitos cortos en la zona de las entradas, de esos que al principio no sabes si son rotura o crecimiento nuevo. En mi caso coincidió con el uso constante del espray, aunque no puedo asegurar que todo viniera solo de ahí.
Entre la sexta y la octava semana el cambio fue más de calidad que de cantidad. El cabello se veía con más brillo y se partía menos al desenredar. Tengo el pelo fino, y eso hace que cualquier producto que pese se note al instante. Con Bionetic no me pasó si usaba poca cantidad. Si me emocionaba con las pulverizaciones, la raíz quedaba algo acartonada y al día siguiente necesitaba lavarme el pelo sí o sí.
También tuve pegas, y para mí son importantes:
- El olor tenía un fondo herbal que me recordaba al ajo y a plantas, y se quedaba un rato.
- Por la noche lo toleraba bien, pero por la mañana no lo habría usado por ese olor.
- Dos días seguidos me picó el cuero cabelludo durante media hora, así que bajé la cantidad una semana.
- No me arregló las puntas abiertas. Eso lo arregla la tijera y usar menos calor.
No tuve una reacción fuerte, pero tampoco diría que por llevar extractos vegetales sea automáticamente inocuo. Mi cuero cabelludo puede ser sensible, y con este tipo de productos prefiero ir poco a poco. A mí me funcionó mejor empezar con una cantidad moderada que empapar la raíz. Cuando lo usé con cabeza, no me dejó el pelo pesado.
Se lo recomendaría a alguien con caída moderada, cabello debilitado por tintes, planchas o una temporada de estrés, y a quien quiera algo sin aclarado que no complique la rutina. También me parece útil si buscas mejorar la sensación del cuero cabelludo y darle un aspecto más cuidado al pelo. No lo elegiría como única respuesta si la caída es muy intensa, aparece en placas o va acompañada de inflamación clara. En esos casos yo miraría causas con un profesional. También me lo pensaría si tienes dermatitis seborreica activa, eccema o un cuero cabelludo muy reactivo.
No tengo claro que Bionetic esté evaluado como medicamento por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, así que lo traté como un cosmético de apoyo, no como un tratamiento médico. Mi veredicto es positivo, con matices. Lo volvería a comprar si vuelvo a tener una racha de caída o fragilidad, porque en ocho semanas noté menos pelo en el cepillo, menos rotura y mejor aspecto. No fue mágico. Fue útil, siempre que se use con constancia y sin esperar un cambio radical en quince días.